Música y Folclor

El vallenato es de todos… de los de aquí, de los de allá y de los de más allá

“Vea que bien, el Valle y la sabana en uno sólo, como debe ser”

Esto dijo la inquieta Yarima Janacet Romero al ver entre los jurados del Festival SabaneroFestival Sabanero del Acordeón de este año, al “vallenato” Hernando “Kuky” Riaños y los “sabaneros” Fredy Sierra y Rodrigo Rodríguez juntos, calificando a los concursantes. Y así, “sellados en fuerte abrazo”, hemos vistos muchas veces en los escenarios a los de acá y los de allá, como debe ser si es que queremos ganar esa batalla de conservación de la música que ha sido declarada patrimonio de la nación y del universo.

Ya es hora de segar la cizaña para que ese cultivo de frutos dulces, deliciosos nunca se acabe. No podemos seguir con esa mortificación que permanentemente genera agravios y distancia a pueblos hermanos que aman esa música, la que ninguno sabe quién la bautizó como VALLENATO. Vallenato es un término que nadie patento, no fueron los nativos de Valledupar, ni la Cacica Consuelo Araujo, ni Gabriel García Márquez, no se sabe cómo, donde y cuando empezaron a decirle vallenato a la música que en la provincia se tocaban con acordeón.

Son muchas las conjeturas sobre su origen y entre las que encontramos la del historiador (35 años investigando sobre folclor) Tomás Darío Gutiérrez Hinojosa, que nos dice que esta palabra se origina en lo que se conocía como el Valle del Cacique Upar o Valle de Upar, donde habitaba la nación Chimila y reinaba el cacique Upar. Esta región o inmenso valle se extendía desde las tierras riohacheras hasta orillas del rio Magdalena (Tamalameque a Salamina) y entre la Sierra Nevada y las montañas de la cordillera Oriental. Otros achacan el nombre a la habitual costumbre de los nativos de estas tierras de presentarse como “natos” del valle. Y alguien alcanzo a suponer que este nombre era una forma socarrona de comparar a los nativos enfermos de carate, por sus pintas, con el ballenato (hijo de la ballena).

Lo que sí está claro es que la palabra vallenato nunca tuvo origen en el nombre del pueblo de Valledupar, incluso como nos cuenta el escritor Ciro Quiroz Otero a los propios habitantes de Valledupar no les gustaba que los llamaran vallenatos, más bien se hacían llamar valduparenses y así fue confirmado, a principios del siglo XX, por la Academia de la Lengua de Valledupar que sesionaba en esa época. Sin embargo hoy los habitantes de la ciudad de los Santos Reyes (Valledupar) no lo sienten como algo despectivo, tal vez por la importancia que ha tomado este género musical.

Alguna vez le escuche a Alfonso Cotes Queruz (el gran Poncho Cotes) contar que la gente empezó a conocer los aires tocados en acordeón por los provincianos (Provincia de Padilla, parte del Valle de Upar) como vallenatos, porque la gente cuando los músicos llegaban a otras partes, Zona Bananera, Santa Marta, Barranquilla por poner algunas, decían: “ahí llegó el vallenato”. Y así lo confirmaron muchos de esos músicos (no nacidos en Valledupar) cuando hacían las parrandas y grabaciones, donde se hacían conocer como vallenatos. Uno de los que reiteraba permanentemente esto era Luis Enrique Martínez (nacido en Los Haticos, La Guajira), que además de autodenominarse “El pollo vallenato”, hizo muchas canciones donde dejaba claro esta filiación.

A la Cacica Consuelo Araujo se le fustiga inmisericordemente, por hacer su “división personal” de la música vallenata. Ella definió tres escuelas: Vallenato- Vallenato, la de La Guajira y el norte del Cesar; Vallenato- Bajero, la del el sur del Cesar, Magdalena y gran parte de Bolívar; Vallenato – Sabanero a la de Sucre y Córdoba. Cuando digo “división personal” es porque, por medio de la lectura crítica y el análisis discursivo del libro Vallenatología, encuentro que Consuelo Araujo tenía esa forma muy suya de mostrar su comprensión sobre el género musical que defendía, lo mismo hizo cuando dividió a los juglares por generaciones y esto muchos de los que estamos en la investigación y la historia del vallenato lo hemos clasificamos distinto.

Ninguno más se ha atrevido a “dividir” esas “escuelas” o diferencias rítmicas y melódicas de cada rincón de nuestra costa donde se toca un paseo, una puya, un son, o un merengue, podía ser muchísimas más. Hay quienes hablan del vallenato ribano refiriéndose al vallenato que interpretaban músicos de Fonseca hasta Riohacha, el vallenato bajano para nombrar el que tocan en el sur de La Guajira y gran parte del Cesar, los de Guamal (Magdalena) defienden su aires guamaleros, los de Sucre y Córdoba insiste en música sabanera…

Hay tantas diferencias que tendríamos que hacer uso de la tecnología para hacer una completa división o sistematización como dicen los técnicos. A esas diferencias en la ejecución del vallenato también se refirió Consuelo cuando hizo su “división de las escuelas”.

Y es que se nota fácilmente la diferencia entre un acordeonero nacido en El Molino (La Guajira), otro nacido en Los Palmitos (Sucre) y otro en El Difícil (Magdalena). Es que los cuatro ritmos tienen un dejo melódico distinto en las diferentes regiones, pero a cualquiera que escuche el merengue “El cordobés”, el son “Evangelina” o el paseo “El cantor de Fonseca” y se le pregunte ¿qué música es?, nos va a contestan Vallenato. Nunca va decir Vallenato- Vallenato, Vallenato- Bajero o Vallenato- Sabanero. Mucho menos aire guamalero, vallenato ribano o bajano, simplemente VALLENATO.

Desde ese día en el que Consuelo Araujo se le ocurrió clasificar las diferentes formas de tocar los ritmos Vallenatos (paseo, puya, merengue y son) en tres grandes “escuelas”, algunos líderes musicales se llenaron de resentimientos y atizaron el fuego de una polémica interminable. Yo ya llegue al límite, no entiendo como habiendo tanta cosas importantes que nos debe unir, como el tema de la protección urgente del Vallenato, sigamos peleando por algo de tan poco valor.

Mucha razón nos cabe a los que sostenemos que NO TODO LO QUE SE TOCA EN ACORDEON ES VALLENATO, pero siempre habrá aquel “confundido” que diga, al escuchar una cumbia, un porro, un chande o un pasebol (por nombrar algunos de tantos ritmos), “que buen vallenato”. Muchos colombianos, sobre todo los del interior, creen que todo lo que se toca con acordeón es vallenato, eso es erróneo, con ese instrumento se puede tocar, polkas, mazurcas, valses, corridos, guarachas… cualquier música. Igual decimos que no solo con acordeón se toca el vallenato, hay quienes lo interpretan con guitarra, dulzaina, piano; se puede escuchar tocado por una banda o una orquesta.

Creo que en esto si hay unanimidad, entonces luchemos para que, así como Calixto Ochoa, Alfredo Gutiérrez, Aníbal Velásquez y otros tantos bautizando sus creaciones tocadas en acordeón, diferentes a los cuatro ritmos, como: paseíto, charanga, rumbón, jalao, pasajes, chiquichá, porrocumbe, guaracha, etc., los que ahora componen esas canciones salidas de las reglas del vallenato tradicional le pongan otro nombre… ¿Cuál? No sé, yo no compongo esa clase de música… la que yo disfruto y defiendo es la que se conoce como Vallenato, esa que nació en las sabanas, caminos y pueblos perdidos de la Costa Norte de Colombia y hoy a pesar de los “diablos” que encuentra en su camino sigue abriendo todas las puertas del universo.

Escribo esto afectado por muchos escritos, audios, videos y conversatorios de amigos y otros que se han enfrascado en una pelea que no debió empezar y no debe continuar.

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Antonio José Daza Orozco

Nacido en Villanueva (Guajira),Administrador de Empresas, pensionado. Gestor cultural, investigador e historiador de la música vallenato tradicional, conferencista y jurado de distintos festivales del folclor costero. Miembro y presidente de la Fundación Dinastía Vallenata, encargada de estudiar, investigar y preservar, producir y promover todo lo relacionado con el vallenato tradicional. Algunos de sus escritos son: Lorenzo Morales, un juglar de verdad; Juglares y Juglaria; Diosas inspiradoras de cantos vallenato...

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