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El fin de una era en Venezuela

Es una idea grandiosa pretender formar de todo el Nuevo Mundo en una sola nación, con un solo vínculo, que ligue sus partes entre sí y con el todo. Ya que tiene su origen, una lengua, unas costumbres y una religión.  ¡Qué bello sería que el istmo de Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para los Griegos!”.  Apartes de la Carta de Jamaica, autoría del Libertador Simón Bolívar en 1815. Significó y constituyó la invitación para la celebración del Congreso Anfictiónico de Panamá en 1826. Así surgió la idea integracionista imaginada por Simón Bolívar y otros héroes de la campaña de emancipación a principios del siglo XVIII en el Continente Americano.

Esta reseña histórica marca diferencias de carácter económico y de contexto con el movimiento expansionista, equivocado y farsante, promovido por el fallecido Hugo Chávez Frías. No obstante, es pertinente recordar que la promesa de Chávez Frías, interpretada por la combinación del caudillo y el profeta estuvo precedida por la desconfianza e incertidumbre hacia las instituciones venezolanas por los efectos de la corrupción y la dependencia del sector de los hidrocarburos.

Desde 1950 hasta principios de los 80, la economía venezolana experimentó un crecimiento sostenido, al punto de ser considerada como la más rica de America Latina. Su vasta riqueza petrolera fue favorable para asistir los programas sociales, incluyendo servicios de salud, educación, transporte y subsidios alimenticios. Sin embargo, los años siguientes a la década de los ochenta trajeron consigo sobreoferta de petróleo y en consecuencia el descenso del precio, diezmando la vigorosa economía venezolana, que en su mejor momento no supo diversificarse.

Muerto Hugo Chávez, emergió Nicolás Maduro, heredero nefasto e incompetente, no hay un calificativo distinto para el continuador del proceso que ha hecho lo imposible para llevar a Venezuela al fracaso. Chávez, Maduro y su séquito de áulicos, engendran el juicio de que el problema no es tanto del sistema político – económico, si no sus dirigentes los responsables. La tragedia del pueblo hermano no es exactamente por los vaivenes del precio del petróleo, ha sido por la coincidencia del desenfreno de la corrupción, la incapacidad de visionar la diversificación de la economía y por el surgimiento de la inviabilidad ideológica que acabó los vínculos con sectores productivos de origen privado, desencadenando el colapso económico y social.

Nicolás Maduro cada día tiene en la soledad y en el cerco mundial una compañía que promueve el fin de un proceso inviable y peligroso. Las transiciones de carácter político para restablecer el orden son lentos y muchas veces complejos, pero es lo justo e imperioso para Venezuela en aras de amortiguar la crisis social. No hay fecha definida para la salida de Nicolás Maduro, pero se avecina, esperemos que sea acordada y que no implique acciones beligerantes, porque estos métodos son la peor solución y hoy pueden representar efectos colaterales, en los que Colombia también está en riesgo.

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Luis Elquis Diaz

Maestrante Pensamiento Estratégico y Prospectiva/ Especialista Gestión para el Desarrollo Empresarial/ Administrador d Empresas/ Columnista del Portal Cultural SaborVallenato.

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